Cultura
Publicado el Lunes, 23 de Septiembre del 2019

La herencia de Carlos Gardel está (demasiado) bien guardada

El coleccionista Walter Santoro custodia más de cinco mil objetos del Zorzal Criollo. Pero no hay dónde exhibirlos.

 Vayas donde vayas, Gardel es sinónimo de Argentina. Su prolífica carrera lo llevó a cobrar una relevancia internacional inusitada para un cantor de aquellos tiempos. Triunfó en Nueva York y en París, incluso antes que en nuestro país. Y hasta llegó a formar dúo consigo mismo, estrenando una tecnología considerada entonces de avanzada. Tal fue –y sigue siendo- su fama mundial que, en 1930 uno de sus cortometrajes, El carretero, protagonizó la primera transmisión de la BBC de Londres y la segunda del mundo, después de la norteamericana. Lo mismo pasó en nuestro país al año siguiente, cuando se realizó la primera transmisión televisiva de prueba con la proyección del cortometraje Viejo smoking, protagonizado por Gardel.

El último martes, a menos de un año de cumplirse 130 años del nacimiento de Carlos Gardel y conmemorarse 85 de su muerte, el coleccionista y promotor cultural Walter Santoro inauguró la Fundación Internacional Carlos Gardel, creada para preservar y difundir el acervo cultural de Argentina a través de la figura del tanguero más famoso del mundo.

Entre las pertenencias del artista hay mil trescientos discos de pasta; tres guitarras originales pertenecientes al artista; mil quinientas ochenta fotografías; ciento diez cuadros de época; doscientos treinta afiches; objetos personales; documentos y cartas del artista; un facón de oro; una rastra de oro y plata; diarios, revistas y documentación de la época; películas, entre muchos otros. Es la colección más importante reunida hasta la fecha.

Muchos de estos objetos estuvieron arrumados en una casa de veraneo de Río Ceballos, en la provincia de Córdoba, hasta que un hecho fortuito despertó el interés de Santoro y quiso investigar.

“Como ocurre con tantos famosos del mundo, los gardelianos también se reúnen cada 24 de mes en su tumba para recordar al cantor. Uno de ellos decía que la bóveda de Carlos Gardel, en Chacarita, estaba abandonada y fui a verlo con mis propios ojos. Era cierto: estaba destruida, las paredes descascaradas, un desastre”, confirma Santoro. “Empecé a investigar y di con Nuria Cortada de Fortuny, una de las últimas herederas de Gardel”.

“Mi mamá guardó las cosas muy prolijamente, todo envueltito, impecable. Pero en mi familia no teníamos conciencia de su valor e importancia, hasta que Walter nos contactó”, cuenta Nuria.

“Comimos un asado en su casa de Escobar –agrega Walter– y nos quedamos hasta las 8 de la noche hablando de Gardel”.

“Mi familia siempre comentaba que era un hombre tan simpático y buen mozo, tan bueno y atento”, evoca Nuria quien, junto a su hermana María Ana, cedió a Santoro los derechos de propiedad de todos los bienes del cantor.

Pero, ¿de dónde viene el vínculo de las Fortuny con Carlos Gardel?

Casi como una premonición, pocos meses antes del 24 de junio de 1935 –en que el trágico accidente de avión en Medellin, terminara con su vida– Gardel le había pedido a su manager y amigo Armando Defino que cuidara de su madre “por si algo llegara a pasarle”. Defino y su esposa, Adela, cumplieron con su voluntad, cuidando a Bertha Gardés durante toda su vida.

“Mi madre era como una hija para los Defino y mi padre, que era médico e íntimo amigo de Armando, atendió a Bertha hasta su fallecimiento, en 1943. Al año siguiente, en el 44 –yo tenía 4 años– todo pasó a manos de ellos, primero y de mis padres, después”, explica la heredera.

 

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